PRINCIPIOS DE LA EDUCACIÓN PERSONALIZADA

SINGULARIDAD

Es la dimensión por la cual la persona tiene la capacidad de reconocerse así misma en su individualidad, y con los valores y limitaciones que le son propias. Esta pone de manifiesto, que cada persona es un ser diferente de los demás en aspectos tales como lo psicológico, sexual, campos de interés, rendimiento, emotividad, aptitudes, herencia, constitución somática, temperamento, experiencias almacenadas, circunstancias ambientales, costumbres, etc.

APERTURA

Es la dimensión que amplía el horizonte personal, sacando al individuo del estrecho mundo de su “yo”, para proyectarlo socialmente. Es la dimensión que le da conciencia al individuo en relación con su carácter comunitario y lo lleva a comprender que las potencialidades de su ser sólo podrá desarrollarlas plenamente en la relación interpersonal. Esta se fundamenta en la aspiración profunda del ser humano para entrar en comunión con otros seres. La apertura no solamente lleva al hombre a interrelacionarse con otras personas, sino que lo hace comprender los seres y las cosas que están en su entorno para entrar en relación también con los elementos del ambiente que lo rodea.

AUTONOMÍA

Puede definirse como la capacidad que tiene el hombre de optar, de elegir entre varias posibilidades mediante el recto ejercicio de la responsabilidad. Es la capacidad que posee la persona de tomar decisiones a la luz de valores definitivos y de asumir responsablemente las consecuencias de estas decisiones en la historia.

De todos los atributos del ser humano es la autonomía, la que quizá mejor lo configura como persona. Su libertad conquistada da la pauta de su personalización y su personalización es la medida de la libertad. Ser autónomo es manifestación de racionalidad. Sólo el hombre puede ser Señor de sí mismo y capaz de autogobierno.

TRASCENDENCIA

Esta tiene su origen en el llamado que Dios hace al hombre a participar plenamente de su vida. Este Dios está concebido dentro del contexto del Dios personal cristiano, es un ALGUIEN cercano y accesible a la comunicación con el hombre, alguien a quien se puede llamar Padre. Así, la trascendencia reafirma el valor absoluto de la persona pues pone de manifiesto su origen divino y su destino de trascendencia.